martes, 4 de noviembre de 2008

Por que Barack Obama

Reproduccion de un comentario de Richard Holbrooke

Fue embajador norteamericano en las Naciones Unidas y el principal arquitecto del Acuerdo de Paz de Daytona de 1995, que puso fin a la guerra en Bosnia. Copyright: Project Syndicate, 2008

NUEVA YORK – El ganador de las elecciones presidenciales de Estados Unidos heredará una tormenta perfecta de problemas, tanto económicos como internacionales. Enfrentará la agenda de inauguración de mandato más difícil de cualquier presidente desde –y lo digo con total seriedad– el hombre que salvó a la Unión, Abraham Lincoln. Pero un antecedente más aleccionador es 1933, cuando Franklin Roosevelt le ofreció una retórica inspiradora y una “experimentación audaz” a un país que enfrentaba una crisis económica y un resquebrajamiento de la confianza pública.

En mi caso, la elección es simple –y no solo porque soy, por temperamento e historia, un demócrata–. La prolongada e intensa campaña política ha revelado enormes diferencias en las posturas, estilo y cualidades personales de los dos candidatos. Y la conclusión parece clara.

Criterio. John McCain ha demostrado a lo largo de su carrera ser proclive a correr riesgos; en sus memorias, orgullosamente se define a sí mismo como un jugador de apuestas. La elección que hizo de Sarah Palin como compañera de fórmula, una candidata carismática pero espectacularmente poco calificada, es apenas el más llamativo de muchos ejemplos del McCain real. Su valentía en el combate es testimonio de su patriotismo, coraje y fuerza, pero su criterio penosamente brilló por su ausencia una y otra vez en su carrera.

Barak Obama también es duro, pero de manera diferente. Nadie debería subestimar lo difícil que fue recorrer su camino, contra todos los pronósticos, hacia la cúspide de la presidencia. Pero mientras que McCain es impulsivo y emocional, Obama esgrime un bajo perfil y es desapasionado. Toma sus decisiones de una manera tranquila y metódica; la impulsividad de McCain es un anatema para Obama, y con razón –no se puede jugar a los dados con la historia–. Después de haber visto a tantos líderes políticos vacilar bajo presión, valoro esta capacidad por sobre muchas otras. Y Barack Obama la tiene.
La economía. La primera prioridad del nuevo presidente será la economía y la crisis financiera. Desde que se desató la crisis, Obama se ha mostrado calmo y, por cierto, presidencial. Consultó al mejor equipo de asesores del país, sopesó cada curso de acción cuidadosamente y luego pronunció una serie de declaraciones precisas y tranquilas. Mientras tanto, McCain cambió de rumbo de manera estrambótica, pronunciando declaraciones contradictorias, “suspendiendo” su campaña (mientras seguía de campaña) e instando a que el primer debate se cancelara (cuando más se lo necesitaba). Ventaja de Obama.

Política exterior. Los desacuerdos más explícitos entre los candidatos tienen que ver con Iraq, Irán y Rusia. Pero existen diferencias más profundas. Las posturas de McCain, con la notoria excepción del cambio climático, sugieren que no haría más que intentar llevar adelante las políticas de George W. Bush de manera más efectiva. Obama ofrece una estrategia diferente para la política exterior
.
Al empezar a reducir la cantidad de tropas de combate en Iraq, Obama cambiaría la imagen y las políticas de Estados Unidos de inmediato. Al comprometer a Irán en conversaciones que no solo versarían sobre la cuestión nuclear, sino sobre otros aspectos del papel desestabilizador de Irán en la región, sellaría acuerdos que redujeran los peligros planteados por Irán, o movilizaría una coalición internacional más fuerte para aislar a Irán. Como fuera, comprometer a Irán es la política correcta, y es difícil entender por qué Bush y McCain se mantuvieron firmes en contra de un cambio de curso tan obvio que, de llevarse a cabo con firmeza, no comprometería la seguridad nacional norteamericana o israelí.

Respecto de Rusia, desde su invasión de Georgia, Obama y su compañero de fórmula, Joe Biden (que fue el primer miembro del Congreso en visitar Georgia después de la invasión), respaldan la ayuda a Georgia para reconstruir su economía y mantener su independencia frente a una continua campaña rusa en su contra. McCain, en cambio, quiere castigar a Rusia mediante acciones tales como una expulsión del G8.
Estas medidas en definitiva pueden resultar necesarias, pero no ayudarán a Georgia a sobrevivir como una democracia independiente. Es más, incluso después de la atrocidad en Georgia, existen cuestiones de interés común –como la energía, el cambio climático e Irán–, en las cuales Occidente y el Kremlin deben cooperar. Esto era válido incluso durante la Guerra Fría, y sigue siendo válido hoy, aunque McCain no parezca reconocerlo.
Liderazgo. Al final, todas las elecciones presidenciales tienen que ver con los intangibles del liderazgo. El voto por un presidente es una suerte de contrato privado directamente entre cada votante y su opción preferida. ¿A quién queremos ver en la pantalla del televisor en los próximos cuatro años? ¿A quién queremos confiarle el destino de la nación?
Nuevamente, los estilos contrastantes de Obama y McCain ofrecen una clara opción entre un hombre calmo y confiado y uno altamente emocional, entre un cambio importante en la dirección del país y uno menor, entre un estilo conciliatorio y uno más combativo.

Efectividad. Finalmente, en un año en el que los demócratas seguramente aumentarán su mayoría en ambas cámaras del Congreso, una victoria de Obama les ofrecería a los demócratas un control de las ramas tanto legislativa como ejecutiva por primera vez desde 1994, y con ello la posibilidad de una proeza legislativa después de años de estancamiento. Después de tantos años de polarización en casa y de unilateralismo en el exterior, la opción de presidente parece clara.




"El apego a las ideologías muchas veces representa la ausencia de ideas propias"
JFF

Saludos;

Martin Vargas

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